EL CASO DE CORE, DATAN Y ABIRAM

Leamos Números 16:1-50

Num 16:3 “Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son sagrados, y en medio de ellos está Dios; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?”

Los que se juntaron contra Moisés le estaban diciendo con esta actitud que ellos no necesitaban de él ni de Arón, se creían autosuficientes, portadores de “dones”, “talentos”, “poder” propios. Se llenaron de orgullo y arrogancia pues eran levitas, “hombres respetables” y “famosos”. “miembros activos” de la casa de Israel. Mas sin embargo Moisés pudo discernir el origen de todo ello, LA REBELDIA, ella fue la verdadera razón que movió los corazones de Coré, Datán y Abirán.

Leamos los versos del 9 al 11

¿No fue suficiente para ustedes que el Dios de Israel los haya apartado de la comunidad de Israel y les haya permitido acercársele para que trabajen en la Carpa Sagrada* del Señor y estén ante la comunidad para servirle? El Señor mismo los ha colocado a su lado a ustedes y a todos los levitas*, ¿y aún así también ambicionan el sacerdocio? Lo que sucede en realidad es que tú, Coré, y tus seguidores, se están rebelando contra el Señor porque ¿quién es Aarón para que se quejen en contra de él?

Esto indica que Coré y sus seguidores no estaban conformes ni contentos con lo ordenado por Dios, querían mas para ellos mismos. Era tanta su ambición que incluso añaden mentiras a sus argumentos.

Leamos los versos 12 al 13.

“Y envió Moisés a llamar a Datán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá. ¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te ENSEÑOREES de nosotros IMPERIOSAMENTE?”

No se daban cuenta que ir en contra de la AUTORIDAD representativa de Dios (Moisés y Aron) era oponerse a la autoridad de DIOS mismo.

Muchos se consideran personas obedientes a Dios pero cuando se ven frente a autoridades delegadas por El, sienten incomodidad y ofrecen resistencia. El que de veras es humilde y dócil de corazón es obediente y por tanto reconocerá la autoridad de Dios en todo lugar y circunstancia, es decir reconocerán la autoridad representativa en el hogar, en la iglesia, en la oficina, en la escuela, etc. Y como producto de ello desarrollarán un corazón agradecido y feliz por todo lo que Dios haya puesto en sus manos.

¿CÓMO SABER SI TENEMOS UN CORAZON REBELDE?

“Para muestra un botón”. Cuando hablamos mal o injuriamos de nuestra autoridad inmediatamente damos a conocer lo que está en nuestro corazón, puesto que la injuria prueba que dentro de la persona hay un espíritu rebelde, el cual es el germen (semilla) de TODA rebelión. En pocas palabras el injuriar es una muestra de un espíritu REBELDE, el mismo que se manifiesta de manera individual (v. 1-40) y colectiva (v.41-50) como lo pudimos ver claramente en esta historia .

La rebelión es condenada por Dios. Es altamente CONTAGIOSA, de allí que debemos cortar todo brote de ella.

Dios pudo soportar las murmuraciones del pueblo de Israel en el desierto por muchas veces; pero no permitió que se rebelaran contra la autoridad que El mismo había establecido. En consecuencia, el pecado de rebelión es mas grave que cualquier otro pecado pues atenta contra su trono, su autoridad.

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN?

Un corazón humilde y dócil.

La única forma de hacerle frente al espíritu de rebelión es haciendo uso de una arma poderosa, la OBEDIENCIA y la obediencia es fruto de la fe. Fe en aquel que pone las autoridades y las respalda, es decir en Dios “Toda autoridad es puesta por Dios”. De modo que al sujetarse a dichas autoridades estamos implícitamente sujetándonos a Dios mismo y por tanto buscamos darle gloria a El en todo lo que somos y hacemos. Recordemos el que desobedece su propia gloria busca.

La OBEDIENCIA desata abundancia espiritual.

Dicho en otras palabras, la OBEDIENCIA es el antídoto para eliminar y dar fin al espíritu de rebelión.
Así mismo, es preciso considerar que de la misma forma que la desobediencia es contagiosa así también lo es la OBEDIENCIA.

Tengamos pues temor de Dios y cuidemos nuestro corazón, labios y actitud para no irnos en contra del trono de nuestro Señor.

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