FIN DE LA ANGUSTIA

En el estudio anterior veíamos como el salmista le preguntaba a Dios hasta cuando tendría que luchar con angustia, y al leer las escrituras descubrimos la primera parte de la respuesta: “Hasta que los ojos de nuestro entendimiento sean alumbrados”. El día de hoy declararemos la segunda parte:


Leamos Juan 12:24 “Les aseguro que si un grano de trigo no cae en tierra y muere, seguirá siendo un único grano. Pero si muere, producirá fruto abundante.”


¿Qué significa esto?

Quien vive preocupado solamente por su vida, terminará por perderla; en cambio, quien no se apegue a ella en este mundo, la conservará para la vida eterna.”


La palabra "trigo" proviene del vocablo latino triticum, que significa quebrado, triturado o trillado, haciendo referencia a la actividad que se debe realizar para separar el grano de trigo de la cascarilla que lo recubre. Triticum significa, por lo tanto, "(el grano) que es necesario trillar (para poder ser consumido)". Dicho en otras palabras, el grano de trigo cuando es procesado es cuando finalmente cumple con la función para la que fue creado y es a partir de ello que su valor se manifiesta.


Pero, ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestra vida en relación a Jesucristo?

Si alguien quiere servirme, que me siga. Correrá la misma suerte que yo. Y todo el que me sirva será honrado por mi Padre.”


Todo esto tiene que ver con identidad y propósito. Cristo “el grano de Trigo” fue procesado, la vida del Padre estaba contenida en su interior pero para que ésta salga a luz, era necesario que pasara por un período de ser “quebrado”, “triturado”. Claro está que todo ello, humanamente hablando, debe haber supuesto incomodidad, de hecho esto lo podemos ver en sus siguientes palabras:


“Me encuentro ahora profundamente turbado; pero ¿acaso pediré al Padre que me libre de este trance? ¡Si precisamente he venido para vivir esta hora! Padre, glorifica tu nombre. Entonces se oyó una voz venida del cielo: Ya lo he glorificado y volveré a glorificarlo.” (Juan 12:27-28 versión Hispanoamericana).


Esto no quiere decir que nosotros físicamente tendremos que ser apresados, llevados a la cruz y puestos en una tumba, sino que al ser uno con Cristo en el espíritu, estamos diciendo que ya no vivimos para nosotros sino para El.

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Biblia de las Américas)


Cuando no sabemos el para que de las cosas, vivimos tensos e inseguros. Es como iniciar un viaje sin saber el destino al que llegaremos, pero en cambio cuando lo sabemos con exactitud nos relajamos, estamos dispuestos a vencer todos los obstáculos y disfrutamos del paisaje.


Tanto la vida de Jesús como la nuestra fueron diseñadas para expresar la gloria (brillo, peso) del Padre, y al hacerlo es que todo dolor se transforma en gozo y toda angustia en paz, pero no solamente en forma temporal sino más bien de manera eterna; es decir, que no tiene fin ni fecha de caducidad.


“En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo…” (1Pedro 1:6-7)


De tal forma que cuando tenemos bien en claro quienes somos y para que estamos, perseveraremos aun en medio de tribulaciones pero no en un estado de “angustia” sino más bien de paz y seguridad pues el Padre ha prometido que estará con nosotros todos los días hasta el fin del siglo.






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