ESCUDO DE LA FE


Leamos Efesios 6: 16

“Y sobre todo, ármense con el escudo de la fe con que podrán apagar todos los dardos de fuego del maligno.”

Desde la antigüedad hasta nuestros días, todo soldado que milita, ya sea en el ejército o la policía, usa como protección un escudo, y una coraza (chaleco antibalas) con el fin de protegerse.

En cuanto al escudo, del cual se hace aquí referencia, este medía 1,25 mt. de alto por 0,75 mt. de ancho y era de forma oblonga (alargada) cubierto con cuero. Era algo así como una “hoja de puerta” que protegía contra los dardos sumergidos en brea o algún material similar y que se encendían antes de ser disparados. Al chocar éstos contra los escudos, sus puntas se embotaban (desafilaban) y sus llamas se extinguían.

Como podemos ver, la función del escudo era detener el paso de cualquier dardo o flecha; desafilando y apagando el fuego de ellas, protegiendo de esta manera los órganos más importantes del cuerpo de la persona, especialmente, el corazón, pues un impacto en el o en sus venas y arterias principales podría matarla en un minuto o dos.

Cabe resaltar que para que el escudo sea efectivo en su tarea, debía ser colocado en la posición y tiempo correctos. Lo que indica que el soldado tenia que estar atento y ágil para poder manejarlo con la destreza necesaria, ya sea para protegerse así mismo o para poder utilizarlo como estrategia de grupo.

En el plano espiritual sucede exactamente lo mismo. Nuestro enemigo, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar. Y en su tarea se ha equipado de “dardos” “proyectiles” llamados tribulación, angustia, persecución, hambre, mentiras, argumentos, engaños de muerte listos para usarlos en nuestra contra con el fin de ahogarnos en el mar de la DUDA.

Por ejemplo, el dardo del desánimo tiene como misión principal APAGAR tus momentos ÍNTIMOS con Dios, para llevarte a la esterilidad y muerte. Te intimida, atemoriza y hace que DUDES de TODO y de TODOS, aislándote completamente del grupo, de esta forma te conviertes en presa fácil de sus engaños.

Leamos Juan 10:10 “El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”