¿QUÉ TIPO DE JUSTICIA APLICAS EN TU VIDA?


Leamos Mateo 5:20 “Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor (exceder) que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”


El verbo usado en este pasaje es (perisseúō), que en el idioma original significa “exceeder”, tener “más que suficiente”, “en abundancia”, “mucho”, “más”, mayor.


Pero, ¿cómo pueden los discípulos de Jesús sobrepasar la justicia de los escribas y fariseos? Si en realidad para caminar en justicia, es preciso conocer la ley de Dios; y en eso los escribas y fariseos eran expertos, la sabían en mayor detalle que los discípulos. El problema aquí no era si ellos conocían y cumplían la ley, sino si lo hacían correctamente en su vida diaria con la actitud y disposición de corazón que el reino de Dios lo manda. Es decir, no solamente cumpliendo externamente, sino creyendo y entendiendo de corazón. Mas ellos vivían para satisfacer sus propios beneficios, interesados solo en cubrir las apariencias, llenos de excusas y auto-justificaciones. Tomemos en cuenta que a los fariseos los llamaron en hebreo “dorshéi hajalakót”, que significa «buscadores de las cosas suaves».


Leamos Mateo 15:6-9 “….Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo me honra con los labios; Pero su corazón está lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos de hombres.”


Los principios de Dios están por encima de cualquier tradición de hombres, pues expresan su corazón, lo que le agrada a El. De hecho, para facilitar su aplicación es que fue puesta la ley, pero los fariseos y escribas no lo entendieron así. Por tanto, la solución no consiste en “conocer” teóricamente o superficialmente los principios y mandamientos de Dios para seguirlos como robots. Los fariseos y escribas lo conocían mejor que cualquiera de nosotros, pero el Padre nos está diciendo que debemos de aplicarlos en nuestro diario vivir, a Su manera y no a nuestra conveniencia. Esto es caminar en Su justicia, aún a costo de nuestras propias vidas.

Para el reino de Dios, la disposición del corazón, es decir, su estado, cuenta más que el mismo comportamiento pues las obras son el resultado de la fe, así como el amor se manifiesta en obediencia. Veamos un ejemplo:


Mateo 27:27- 28 “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”


Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos.”


Por tanto, en la vida de los hijos de Dios, resulta importante reconocer la dinámica que existe entre los siguientes elementos :

La luz del Padre, la verdad expresada en Cristo y la justicia del Reino de Dios.


La luz nos permite ver con claridad la verdad y el ponerla en obra, con la actitud correcta del corazón, es actuar con justicia. Solo así es posible tener una justicia mayor que la de los fariseos. Y todo esto gracias a la presencia del Espíritu Santo que vive en nosotros, permitiendo de esta manera que gente común, haga cosas extraordinarias, mas allá de lo normal, pensando siempre en agradarle al Padre.

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