LLEVANDO FRUTO

Cuando hablamos de fruto, especialmente considerando lo expuesto en la parábola del sembrador (Lucas 8:5-15), estamos pensando en aquello que después de pasar por un proceso, produce algo que tenía en mente quien sembró. Recordemos que Dios es el sembrador, la semilla es su palabra que ha sido plantada en un corazón bueno y recto (buena tierra) y que ha dado el fruto esperado y además, ha producido más frutos de acuerdo con su naturaleza, pero ¿A qué fruto se refiere Jesús en esta parábola? 

 

Lo primero que debemos hacer para contestar esta pregunta es reflexionar en que significa “fruto”, para ello podemos mencionar que todo fruto tiene dos partes, una externa y una interna. La parte externa es la forma, diseño y apariencia externa, vale la redundancia, con la cual se identifica y lo hace diferente a otros. A esto yo llamo “identidad” externa.

 

Por otro lado, lo parte interna se refiere a los componentes de lo que esta hecho el fruto, es decir, su estructura interna, las cualidades, características y elementos que se combinan entre si “la sustancia”, para dar la consistencia, color y sabor que posee. Esta sustancia va alineada a la identidad externa. En otras palabras, lo que se ve de mi externamente, es la expresión de mi naturaleza interna.

 

La palabra original usada en los tres Evangelios cuando se refiere a “fruto” es “karpós” que significa:  fruto(como arrancado), resultar en beneficio, descendencia. Sin embargo, Mateo nos da más luz cuando añade la palabra “produce”; esta palabra en el original es poiéo que significa: practicar, producir, trabajar, actuar, causar, cometer, convertir, ejecutar, ejercer. Esta palabra viene de la raíz prásso que es el verbo «practicar», que se refiere a: desempeñar repetida o habitualmente una actividad.

 

Como podemos ver, lo externo y lo interno al estar en armonía producen (prácticas) frutos. Es decir, fruto es todo lo que somos y hacemos, nuestra identidad reflejada en nuestras prácticas, forma de hablar, estilo de vida (externo) etc., producto de lo que llevamos dentro (sustancia) en nuestro ser, como son nuestro cuerpo, alma, manera de pensar, de creer, los valores que heredamos de nuestros padres, cultura, país, prácticas religiosas, nuestra epistemología  (cosmovisión) etc., que junto al Espíritu Santo que habita en nosotros, permite que la gente vea a Jesús que llevamos dentro y que con nuestro desempeño diario, forma o estilo de vida, muestra quienes somos. Recordemos que si nuestro Espíritu esta alineado a nuestra alma, es decir, estar alineados con Dios cada día, esto se reflejará en nuestro ser y se mostrará en nuestros cuerpos.

 

Para saber si esa armonía existe, podemos pasar un pequeño examen y mirar los frutos del Espíritu en nosotros.

 

TALLER: Lee Gálatas 5:22-23 "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley."  

 

Con cada uno de los nueve que se describen allí, comparte que ha producido en quienes te rodean. Ejemplo: Tienes paz ¿La gente que esta a tu lado recibe la paz? ¿Los que recibieron de ti esa paz la trasmiten a otros? Si es así, ya estas llevando fruto.

 

Si no, es tiempo de edificar carácter, pues el carácter nos ayuda a que lo externo sea una expresión de lo interno.

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