RENOVARNOS CON NUESTRA ACCIÓN DE GRACIAS

En Filipenses 4:6, el apóstol Pablo nos escribe, como mantenernos y restaurarnos con paz, mientras estamos o hemos pasado en medio de las tormentas (huracanes) o presiones cotidianas que experimentamos. “Por nada estéis angustiados,” parecería un sermón que nos da mamá cuando hacemos algo malo; “no te angusties” pero, quienes estamos cada día bajo fuego, me refiero a luchas mentales, emocionales y espirituales, a veces queremos tirar la toalla y dejar que todo esto nos aplaste y termine todo de una vez, otros aprendemos a vivir bajo fuego, esperando, rogando no ser victimas de una crisis emocional o de salud física o mental.

La mayoría acude a cualquier elemento que nos ayude o calme por un momento como son medicinas, hobbies, soledad, etc. Todo esto para poder hallar el descanso o por lo menos una tregua. La conclusión sería que es imposible prometer que no nos vamos a angustiar. Sin embargo, Pablo apóstol experto en vivir en constante presión y muchas veces, estas presiones fueron causadas por querer predicar el Reino de Dios y otras, por su humanidad. El nos da la clave para aprender a salir ilesos de la tormenta.

Primero ir y entrar a la oficina de Dios “el consejero”, acostarnos en el diván y El te preguntará ¿qué pasa? y tu comienzas a decirle todas tus frustraciones y las peticiones derivadas de ellas y lo harás a manera de conversación (orar) y con toda la pasión, es decir, sin tapujes ¡desahógate!, no te limites ni trates de aguantar o esconder tus frustraciones, sácalas delante de El; no delante de tu conyugue, tus hijos, tus compañeros de trabajo o en el carro cuando alguien hace algo mal frente a ti etc. Pablo te aconseja así:

“sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego”

Todos quienes nos desahogamos, siempre experimentamos la calma, pero el problema es que cuando te desahogas, puedes lastimar a alguien, pero si lo haces delante de Dios; El sabe como recoger tus frustraciones y sacarlas de ti. Luego de vomitar todo, Pablo sabe que quedas aliviado y es allí donde se debe poner la medicina que curará la herida que ha sido cerrada, a eso le llama el apóstol “dar gracias”. El lo dice así “con acción de gracias.”

Es decir, sabiendo que acaba de terminar algo y que así se cierra, como en “The End”, que aparece al final de las películas. Esto te da conciencia de que Dios ha intervenido y está ya ha resuelto el problema. En Inglés, le puedes escuchar decir a Dios “You Are Welcome”; aunque prefiere contestar en su primera lengua, el español “De Nada”.

Finalmente tenemos un final, una cura por lo que damos gracias y esto es lo que el apóstol dice: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Esta paz que no hay como explicarla, pero si sentirla; pondrá dos grupos de guarda espaldas uno para la puerta de tu corazón donde se deposita de lo que experimentamos en la vida; y el otro grupo de guarda espaldas cuidará tu mente, que es el aeropuerto donde aterrizan muchos pensamientos malos y buenos, imagínate a alguien que no deja entrar sentimientos malos y otro que cuida a manera de aduana para que ningún pensamiento negativo o pesimista estropee nuestra fe en Jesucristo y en la hermosa vida que el nos ha regalado.

Así termina Pablo este gran consejo; consejo que muchas veces me ha permitido estar parado entre huracanes que han hecho destrozos a mi alrededor y no me han tocado ni un pelo. La batalla sigue y mis guarda espaldas siguen a la entrada, cada día entro en mi aposento, perdón, la oficina de Dios y cierro la puerta, El es mi consejero y después de cada sesión, una palabra finaliza la sesión “Gracias”; se abre la puerta y sigo con nuevas energías, que son producto de un corazón agradecido y lleno de fe y optimismo; donde cada día Dios nos da de su misericordia, que es nueva cada mañana.

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