LA FUERZA DE LA UNIDAD PERFECTA

Como hemos venido estudiando, una Iglesia unida es el fiel reflejo de la naturaleza de Dios. Esta naturaleza es la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quienes desde antes de la creación, son uno solo. Es de esta unidad que Dios ha querido hacer participe al ser humano.



Por este motivo nos ha entregado de su gloria (presencia, brillo, peso) a través de Jesucristo; ¿Con que fin? “Para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti” (Juan 17:21)



Dicho en otras palabras, la gloria que Dios nos ha entregado es precisamente para que seamos UNO. Esta unidad es perfecta.



La pregunta es: ¿Por que Jesús pediría algo así?

La respuesta es simple, El sabía que si alcanzamos esa unidad tanto con El y el Padre, así mismo como entre nosotros, seríamos INVENCIBLES y por tanto, cumpliríamos con su misión.



El mejor ejemplo de esta unidad es la TRINIDAD. Trinidad quiere decir que tenemos un solo Dios expresado en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta es la unidad perfecta, tres personas unidas en todo; en propósito, en naturaleza, en deseo y en voluntad.



En el libro de Génesis se registra otro ejemplo muy claro: el matrimonio (unión) entre Adán y Eva: “Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.” Esto no era otra cosa sino sombra de lo que habría de venir. Pues en Apocalipsis se narra uno de los eventos más importantes: las bodas del Cordero y la Iglesia.



Como hemos aprendido, por un lado somos personas individuales que se acercan a Dios como sacrificio vivo y santo (apartados para un uso determinado) aceptable a Dios y por otro lado, formamos un todo bien concertado, unido, esto es un cuerpo diseñado de tal forma que no permite que vivamos independientemente los unos de los otros, sino que al contrario, nos complementemos, sabiendo que cada uno tiene una función específica dentro del mismo, a fin de cumplir el propósito para el cual fuimos creados.



De hecho al decir “EN CRISTO” está refiriéndose a que el momento que creemos con todo nuestro ser y confesamos con nuestra boca y vida en general que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador, estamos uniéndonos, sumergiéndonos en Cristo; y Él a su vez, está unido a su cuerpo, pues es la cabeza del mismo. “… pues la iglesia es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena a plenitud.” Efesios 1:22-23



Por tanto, es nuestra responsabilidad el velar por el desarrollo normal de esta unidad con nuestro Padre celestial y con todos sus hijos.



TAREA: Une con una línea y reflexiona a cerca de lo siguiente:



QUE COSAS NOS SEPARA EN:



La Comunión con Dios                                             Duda



Nuestra familia                                                      Individualismo



Iglesia                                                                 Falta de Visión



Fe                                                                      Egoísmo



Propósito                                                             Pecado

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